domingo, 28 de febrero de 2010

Pastel de melocotón y chocolate

Si el solomillo de cerdo relleno fue uno de mis primeros platos en solitario, aquí nos encontramos ante una de las vacas sagradas de la repostería en mi familia materna. Posiblemente la primera vez que hice algo en una cocina fue el “punto de nieve” para este pastel. Para los que no me conozcáis, soy bastante “cansino” desde que era bien pequeño. Mis tías para que me callara un poco me “arreaban” el bol, las claras y la varilla…
He dicho mi familia materna pero no he especificado. La persona a la que yo asocio este pastel por encima de a las demás es a la “Tía Lulú”, (suena muy enternecedor, pero en la sección de vídeos se clava un par de botellines de un trago que da gusto. Madrina, te quiero. No cambies nunca). Sentimentalismo aparte, la tarta es sencilla, barata y carece de complicaciones. Os garantizo que una vez que la probéis, repetís (a Pablo, el mejor amigo de mi hermano le volvía loco).

Ingredientes

1 kg de melocotón en almíbar
4 huevos grandes
160 grs. de azúcar blanquilla
140 gramos de harina (si la usamos de fuerza, el pastel tendrá más estructura)
2 cucharaditas de levadura química (vamos Royal de toda la vida…)
La ralladura de un limón
1 yogur natural
2 cucharadas soperas de AOVE

Para la cobertura

100 grs. de chocolate (el de Nestlé es un valor seguro)
100 ml. De nata líquida (35%)
50 grs. de mantequilla

Utensilios

1 varillas o una batidora con accesorio para montar
1 rallador
1 cuchara sopera
1 cuchara de café
Boles de distintos tamaños
1 molde para tartas (da igual si es de silicona, desmoldable, fijo…)
1 colador pequeño
1 tabla de corte
1 cuchillo cebollero
1 abrelatas (si es que usáis melocotón de lata)
1 horno
1 cazo
1 lengua
1 plato de presentación

Elaboración
Bueno, pues en primer lugar nos lavamos las manos, abrimos una botella de buen P:X., Sauternes o similar y encendemos nuestro horno (200º arriba y abajo).
Abrimos la lata de melocotón, cortamos los melocotones en dados de 1x1 cm y los reservamos. A continuación, separamos con sumo cuidado las claras de las yemas. Batimos las segundas con el azúcar hasta que “blanqueen” (como su propio nombre indica el color de la yema cambia. También lo hace su textura. Sabremos que está cuando no encontremos restos del azúcar y tengamos una masa cremosa). El siguiente paso es la incorporación de la ralladura de limón (debemos hacerlo al momento para no perder los aceites esenciales de la corteza. No debemos llegar a la parte blanca nuca porque amarga. Por cierto, se llama ceste), el AOVE, el yogur, el melocotón y la “carga” (es la mezcla entre harina y levadura que habremos tamizado con nuestro colador previamente). Mezclamos todos los ingredientes hasta conseguir una pasta homogénea. No debe quedar ni un solo grumo así que hale, a esmerarse. Un truco para evitar los grumos es el de incorporar nuestra “carga” sobre los otros ingredientes poco a poco desde el colador mientras no paramos de batirlos.
Llega la hora de la verdad, el punto de nieve. Es la parte más complicada de la receta pero no os asustéis que no muerde. Necesitamos un bol limpio, inmaculado, (el más mínimo resto de grasa hará que no suba bien) ,las claras, las varillas y una pizca de sal además de una buena dosis de paciencia. Los movimientos deben ser de abajo hacia arriba para incorporar bien el aire en las claras y obtener un punto de nieve cremoso y compacto. Sabremos que está listo cuando le demos la vuelta al bol y este no se caiga (las claras, se entiende).
Respirar, tomar un traguito de vino y prosigamos antes de que se nos bajen las claras.
Con mucho cuidado y con movimientos envolventes incorporamos las claras a la preparación anterior. Este paso es muy importante. Cuando esté homogénea la mezcla, la vertemos en un molde que previamente habremos untado de mantequilla y espolvoreado de harina. Al horno 50 minutos.
Mientras se hornea el pastel, preparamos la cobertura. Para ello calentamos la nata en un cazo con la mantequilla y, cuando rompa el hervor lo retiramos del fuego y añadimos el chocolate picado (para facilitar su fusión). Lo removemos con la varilla hasta que esté fundido.
Si hemos seguido los pasos y sido mínimamente diestros, el pastel debería tener un bonito color dorado y una textura esponjosa. Dejamos que se enfríe. Desmoldamos, colocamos en un plato de presentación y bañamos con el chocolate. Dejamos que se enfríe.
Ya me contaréis.

Buena suerte y Buen provecho.

viernes, 26 de febrero de 2010

Ensalada de cecina y mango con vinagreta de pipas

Vamos a intentar revitalizar un poco la sección de ensaladas que la pobre está un poco desangelada(no existe como tal, pero bueno).Hace tiempo que no la hago pero la verdad es que es una ensalada que nos dio un montón de satisfacciones en La Barriga y me parece que debo compartirla con vosotros (al igual que lo hicieron conmigo los hermanos Campoy. Un saludo estéis donde estéis. Siempre tengo una cerveza fría para vosotros en la nevera). La combinación de cecina, mango y rúcula con el toque de las pipas es espectacular.
La rúcula es una de esas cosas que no tienen término medio; o las amas, o las odias. A mi personalmente me chifla. Se cultiva por la cuenca mediterránea desde hace siglos y se le atribuyen propiedades afrodisíacas (entre el guacamole y esto, menuda semanita os estoy dando…)


Ingredientes (para 4 personas)

200 gramos de rúcula
150 gramos de cecina de vaca (finita y a ser posible, recién cortada)
2 mangos maduros pero firmes
50 gramos de pipas peladas
AOVE (a ser posible de la variedad arbequina. Si consiguiérais el de Valderrama...es el Dios de los aceites)
Vinagre balsámico reducido (de venta en grandes superficies)
Sal

Utensilios

1 bol
1 tabla para picar
1 cuchillo cebollero
1 bote vacío con su tapa correspondiente
1 puntilla

Elaboración

Manos limpias y botellín al canto.
Pelamos los mangos y los cortamos longitudinalmente en tiras de 1 cm de grosor. Los cortamos en dados y reservamos en el bol. Lavamos la rúcula en agua bien fría, la escurrimos perfectamente y al bol. Cortamos la cecina en tiras de 1 cm. de grosor y las incorporamos junto con los otros ingredientes.
Llega el momento de hacer la vinagreta. Ponemos en el bote 3 partes de AOVE a ser posible de la variedad arbequina, por 1 parte del vinagre de Módena reducido. Una pizca de sal – debo recordaros que las pipas peladas ya traen sal-. Ajustamos la tapa y agitamos enérgicamente durante 15 segundos. Rociamos la ensalada con el brebaje. Colocamos una lámina de P.V.C. extensible (vamos, papel film. Perdóname “Tito”; no he podido resistirme) sobre el bol, lo agitamos ligeramente y ya tenemos perfectamente aliñada nuestra deliciosa ensalada.
El truquillo del bote para las vinagretas es extensible a cualquier aliño. Además tiene la particularidad de servir como contenedor si hacéis demasiada cantidad. Cerráis bien el bote y a la nevera hasta la próxima vez.

Buena suerte y Buen provecho.

jueves, 25 de febrero de 2010

Guacamole

La receta de hoy es tan sencilla como sabrosa, además de resultar útil en un montón de preparaciones.
El guacamole es una receta originaria de México. Cuenta la leyenda que fue Quetzalcóatl el que entregó la receta al pueblo Tolteca para que la extendiera por su territorio, aunque hay versiones mucho más prosaicas. Los aztecas consideraban que los aguacates eran afrodisíacos porque su forma se asemejaba a la de los testículos (Ahuácatl)…así que tener “cuidadín” cuando hagáis la receta.
En mi caso la receta que os paso me la dio Manolo el frutero y la verdad es que me ha granjeado numerosos éxitos a lo larga de los años. Veamos que os parece.

Ingredientes

1 Aguacates de la variedad Hass maduros, no pasados)
1 cebolla dulce mediana
1 tomate grande y maduro
El zumo de una lima
½ cucharada sopera de cilantro picado
1 cayena o ají pequeño (puede ser sustituido por unas gotas de Tabasco)
Sal

Utensilios

1 tabla para picar
1 puntilla afilada
1 cuchara sopera
1 bol
1 batidora con su vaso
1 lengua

Elaboración

Manos limpias y botellín al canto.
Pelamos el aguacate ayudándonos de la puntilla y la cuchara. Lo cortamos longitudinalmente y retiramos la piel y el hueso. Lo colocamos en el vaso de la batidora. Pelamos la cebolla, la hacemos cuartos y al vaso. Lavamos el tomate, le quitamos el “culo”, lo hacemos cuartos y también lo ponemos en el vaso. Exprimimos la lima, picamos finamente el cilantro y la cayena. Trituramos todos los ingredientes hasta que obtengamos la textura deseada (más rústica o más fina). Añadir sal al gusto. Evidentemente, si no os gusta el picante, no lo pongáis.
El aguacate se oxida a gran velocidad por lo que os recomiendo comerlo enseguida.
Como decía al comienzo de la receta, las posibilidades del guacamole son muchas. Acompaña a la perfección a los nachos, a las fajitas de pollo (ver receta del 30 de marzo de 2008), a mariscos como los langostinos cocidos, las gambas… A mi me gusta tostar una rebanada de pan rústico, untarle el guacamole, añadirle unas lonchas de jamón de pato curado y un toque de vinagre de Módena reducido junto con unas gotas de arbequina. Una operación similar podemos llevar a cabo con unas buenas anchoas en salazón.
La cerveza fría siempre es un buen acompañamiento.

Buena suerte y Buen provecho

miércoles, 24 de febrero de 2010

Solomillo de cerdo Ibérico relleno de queso de cabra y nueces

Este es un plato al que guardo un especial cariño, porque es una de las primeras recetas que hice en solitario en mis comienzos como cocinillas los domingo por la noche en casa de mi Suegra (buena y santa ella). A Adriana le vuelve loca y no hace mucho volví a repetir la receta con igual éxito (es encantadora).
La única dificultad que tiene es la de atar el solomillo, pero con un poco de bramante, paciencia y mirando la página de algún “bloggero” que se haya currado un vídeo explicativo, está listo (prometo currarme una sección de técnicas de cocina en breve).
Si el bolsillo no nos da de sí, el cerdo ibérico (suele costar alrededor de 18 euros el kilo) se puede sustituir por cerdo normal y corriente (su precio se sitúa normalmente entre los 7 y los 10 euros por kilo) . Si queremos “dar el do de pecho” yo me daría una vuelta por Entreverado (Plaza de Juan Carlos I, 1. 28750 San Agustín de Guadalíx) y compraría allí el solomillo. Miguelito os atenderá de mil amores y llevaréis un producto difícil de igualar.

Ingredientes (para 4 personas)

2 solomillos de cerdo ibérico generosos
150 gramos de rulo de queso de cabra
2 cebollas dulces
100 gramos de nueces peladas
2 dientes de ajo
½ vaso de fino (si no os gusta el fino, lo podéis sustituir por un vino que sea más de vuestro agrado)
1 vaso de caldo de carne o, en su defecto, 1 vaso de agua y una pastilla de caldo doble
Sal
Pimienta negra en grano
AOVE en cantidad suficiente

Utensilios

1 tabla para picar
1 cuchillo cebollero bien afilado
1 puntilla
2 buenos trozos de hilo de bramante (o algo similar que tengáis por casa para atar la carne
1 sartén antiadherente grande
1 fuente de Pirex en la que nos quepan los solomillos
1 pinzas
1 batidora con su vaso
1 colador chino
1 cazo
1 varillas

Elaboración

En primer lugar debemos proveernos de los ingredientes. Cuando lleguemos al carnicero (Miguelito, creo que no ofreces servicio de despiece…) le pedimos por favor (las buenas formas no se deben perder nunca) que nos abra los solomillos en libro puesto que los queremos para rellenar. Nos hacemos con el resto de los ingredientes, llegamos a nuestra cocina, nos lavamos bien las manos, nos servimos una copita de fino bien frío y comenzamos.
Ponemos a precalentar el horno a 200º arriba y abajo. Abrimos el queso de cabra, le retiramos la corteza si la tuviera y lo mezclamos con las nueces peladas y picadas. Reservamos este preparado en el congelador (cuanta más consistencia tenga, más fácil nos resultará la fase de rellenado).
Pelamos las cebollas y los ajos y los picamos en brunoise. Reservamos. Salpimentamos los solomillos y con cuidado, hacemos una especie de salchicha con el relleno, se lo colocamos en el centro, cerramos los lados del solomillo y comenzamos a atarlo con el bramante, asegurándonos de que quede bien cerrado para que no se salga demasiado el relleno (si no sois capaces de atarlo, unos palillos estratégicamente clavados también pueden servir). Calentamos la sartén a fuego fuerte, añadimos un chorrito de aceite, dejamos que se reparta homogéneamente por la superficie y cuando comience a humear, doramos los solomillos por todos los lados (lo que en el argot culinario se conoce como Reacción de Maillard). Flambeamos con el brandy y los reservamos. Añadimos un poco más de aceite a la sartén, bajamos el fuego a media potencia y pochamos la verdura aprovechando los jugos que nos ha dejado el solomillo. Tras 4 minutos aproximadamente, colocamos la verdura en la fuente de horno, los solomillos encima y mojamos con una parte del caldo y del vino blanco. Introducimos en el horno durante unos 25 minutos aproximadamente (en ese periodo, iremos añadiendo el resto del caldo y del vino).
Personalmente prefiero la carne rosada en el centro y jugosa. Si la queréis más pasada, pues nada, 10 minutos más.
Una vez horneados, sacamos los solomillos de la fuente y los reservamos sobre la tabla de corte. Recuperamos la salsa en el vaso de la batidora, la trituramos, le añadimos algo de caldo si fuera necesario, y la pasamos por el chino. La llevamos a ebullición en un cazo, rectificamos de sal y pimienta. Si os sentís inspirados, podéis incorporar a la salsa una “nuez de mantequilla” y darle un varillazo. Así os quedará más brillante y con un poco más de cuerpo.
Desbridamos los solomillos, los cortamos en medallones de unos 2 cm. De grosor y podemos seguir 2 caminos. Colocarlos en una fuente, o emplatarlos. Vosotros decidís.

Las guarniciones para este plato son tantas como seáis capaces de imaginar: patatas fritas, patatas asadas, una buena ensalada de lechuga del país, un puré de batata, unos dados de calabaza asado, una confitura de frutos rojos, de zanahoria, un chutney…en fín, lo dejo en vuestras manos.
Se me olvidaba, lo tomaría mientras bebo un tinto ligerito o un buen Chardonnay fermentado en barrica.

Buena suerte y Buen provecho

martes, 23 de febrero de 2010

El Vikingo

Coleteaban mis últimos días de vacaciones de invierno y mi “Santa” me obligó a aprovechar uno de ellos yendo juntitos a Ikea para comprar una estantería para el aseo y dar por fin forma de casa decente a nuestra morada…Estas cosas tienes que vivirlas para creerlas. Era jueves por la mañana, plena cuesta de Enero…y estaba lleno. ¿La gente no tiene otra cosa mejor que hacer? En fin. Lo único bueno que tiene para mí la visita a Ikea (pese a que Pau me consiente todo y me deja comprar la mayoría de mis antojos. Te quiero) es el paso por la tienda de comida.
No soy muy amigo de sus perritos ni de su restaurante, pero hay varios productos que me encanta comprar (su tarta de almendras, el carpaccio de reno, la cebolla frita…). Mi “Santa” que no es tonta, el otro día detectó mi ofuscamiento y me dio carta blanca…Rápidamente aproveché la ocasión que se me brindaba y me imaginé un híbrido entre ensalada y bocadillo. ¿Se puede pedir más? Compré un pan “ártico” llamado “Tunnbröd”. Es una especie de pita hecha con: trigo, cebada y centeno. Un bote de salsa Gravlaxsas( maravillosa; de mostaza y eneldo). Un cubo de copos de cebolla frita y una plancha de “Gravad Lax” (salmón marinado con eneldo. Hay marcas españolas como Benfumat que lo hacen de lujo).
Llegué a casa y me puse manos a la obra. El resultado, soberbio.

Ingredientes (Entrante para 4 personas)

1 paquete de Tunnbröd
1 plancha de Gravad Lax
1 bote de salsa Gravlaxas
1 bolsa de ensalada “Sensación” de Mercadona
1 cebolla morada
1 paquete de tomates cherry
4 cucharadas soperas de copos de cebolla frita
C.S. de AOVE de la variedad arbequina
Sal
Vinagre de Módena reducido

Utensilios


1 tabla
1 cuchillo afilado
1 bol grande
1 horno

Elaboración

Nos lavamos bien las manos y descorchamos una botella de verdejo fermentado en barrica bien frío, o de un buen cava (ves Topete como el hombre vive de algo más que de cerveza…).
Encendemos el horno y metemos los panes en él. Abrimos el paquete de salmón para que airee. Pelamos y picamos la cebolla en brunoise y cortamos los tomates cherry en cuartos.
Ponemos la cebolla morada, la cebolla frita, los tomates, la sal y el aceite en un bol y lo aliñamos.
Sacamos el pan del horno. Disponemos una buena cantidad de salsa, un par de lonchas de salmón y la mezcla de ensalada. Rectificamos de aceite y lo acabamos con un chorro de vinagre reducido. Una auténtica delicia. Original, sencilla, rápida y barata.
Una buena cerveza pilsener bien fría o ese verdejo fermentado en barrica que hemos abierto al comienzo de la receta, son un acompañamiento perfecto para la misma.

Buena suerte y buen provecho.


P.D: perdón por la obviedad del nombre del plato. Estoy desbordado de creatividad. Os juro que está de muerte...

domingo, 21 de febrero de 2010

Magro de Katxorro

Pese a que el nombre de la receta nos pueda llevar a error no estamos hablando de cocinar ningún animal sino del animal que la cocina. Igor Katxorro San Pedro. Genio y figura del mundo de la gastronomía nacional (un verdadero talento desaprovechado…) Palabra de honor (GRACIAS POR TODO)
Pese a tratarse de un plato elaborado para el personal (tan importante siempre en un negocio de restauración) en mi opinión es un plato francamente bueno (no os hablo de su Carpaccio de besugo a la madrileña, del pisto arabesco o de la hamburguesa de pollo en pepitoria…).
Katxorro no te hago más la pelota, porque no viene a cuento, que si no…Con tú permiso paso a detallar la que creo que es aproximadamente la receta que recuerdo:

Ingredientes (para 4 presonas)

1 kg. de magro de cerdo en dados (de aproximadamente 3x3 cm.)
2 cebollas blancas grandes
2 dientes de ajo
1 hoja de laurel
1 palo de canela
4 granos de pimienta
½ litro de caldo de carne
1 vaso de vino blanco
Brandy
1 puerro
1 pimiento verde italiano
Sal
AOVE
50 grms. de harina de trigo

Utensilios

1 Sartén antiadherente
1 tabla
1 cuchillo afilado
1 cacerola
1 cuchara de madera

Elaboración:

Manos limpias y botellín al canto… (Igor. Tu una Sin).

Pelamos los ajos, la cebolla y limpiamos el puerro y el pimiento. Lo picamos todo en brunoise y lo ponemos a pochar en una cacerola con el aceite de oliva y una pizca de sal. Cuando la verdura comience a estar transparente añadimos el magro que previamente habremos dorado en una sartén. Incorporamos la harina. Rehohamos. Flambeamos con el Brandy y añadimos el vino blanco. Dejamos que evapore el alcohol. Incorporamos el caldo y cuando lleve aproximadamente unos 30 minutos cociendo añadimos la pimienta, el laurel y la canela. Dejamos cocer durante al menos 1 hora y treinta minutos. Este tiempo debe haber sido suficiente para ablandar el magro y nuestro hígado…Rectificar de sal si fuere necesario.

Unas papas fritas y un buen tinto son un acompañamiento perfecto.

Buena Suerte y Buen Provecho.

lunes, 15 de febrero de 2010

Ensalada de remolacha

Pese a que estamos en invierno y esta ensalada es un clásico del verano, no voy a negar que a mi me encanta en cualquier época del año. Es muy fácil, barata y rápida. Vamos a por ella.

Ingredientes

1 bote de remolacha cocida (la venden en tiras, no es necesario que os manchéis demasiado)
150 grs. de queso Chéddar (en una loncha)
1 paquete de salchichas Oscar Mayer (la marca importa)
150 grs. de jamón cocido (en una loncha)
1 cebolla morada pequeña
1 bote pequeño de mahonesa (si es casera mucho mejor)

Utensilios

1 tabla para picar
1 cuchillo cebollero
1 bol
1 “lengua”
1 colador

Elaboración

Manos limpias y botellín fresquito (la receta de hoy nos va a llevar poco tiempo por lo que con un botellín tendremos de sobra). Abrimos el bote de la remolacha y lo ponemos a escurrir. Mientras tanto picamos en dados la loncha de queso, el jamón cocido y las salchichas. Picamos la cebolla en brunoise. Ponemos en un bol todos los ingredientes, añadimos la mahonesa, removemos hasta que esté bien morada la mezcla y lo dejamos reposar en la nevera al menos ½ hora.

Es un primer plato perfecto o si lo preferís, podéis tostar unas rebanadas de pan y untarlo o tal vez haceros un sándwich.

Se que no es el colmo de la sofisticación, pero…

Buena suerte y Buen provecho.

Los "rellenos" de la Abuela Vicenta

El cocido es uno de los mayores exponentes de la diversidad de la gastronomía española. No solo se pueden distinguir más de una docena de tipos distintos en función de la geografía, sino que además, en cada casa se prepara de una forma distinta. ¿Conocéis a alguien que haga el cocido de la misma manera que vuestras abuelas, madres, tías, o vosotros mismos? Isa lo hace maravilloso, el de Paz está francamente bueno, el del padre de Topete, el de mi abuela, el de Nelso, el del Chuli…en fin no me enrollo más que se me hace la boca agua.
El protagonista de hoy no es el cocido en si mismo, sino un pequeño suplemento que no todo el mundo le pone. Hablo del relleno o pelota. Personalmente es lo que más me gusta del cocido y de las que he probado a lo largo de mi vida, la que más me gusta es la que hace mi Abuela Vicenta.
He intentado indagar un poco en la historia de semejante manjar, pero no he encontrado nada revelador sobre los orígenes de la misma. El enorme gastrónomo Cunqueiro habla de ella como “pelota de carne picada y especias”, se asemeja a las quenelles de la cocina lionesa o al Klüten alemán. Todos buenos pero ninguno como el nuestro… (Llamarlo chauvinismo si queréis).

Como adelantaba hace unas líneas, la que me enseñó mi abuela Vicenta me parece fantástica por su textura y sabor. Para los que no lo sepáis aún, me gano la vida como cocinero. Muchas de las cosas que he aprendido por no decir todas, me las han enseñado o se las he visto hacer a alguien, por lo que no creo en los secretos dentro del mundo de la cocina.

“Vicen”, muchas gracias por compartir tu sabiduría con todos nosotros. Un beso enorme.

Ingredientes (para 12 buenos rellenos)

La miga de pan correspondiente a una barra de pan candeal de víspera
6 huevos frescos
250 gramos de delicioso tocino cocido que habremos “sustraído” de la olla
2 cucharadas soperas de perejil recién picado
½ cucharada sopera de ajo picado en brunoise
100 gramos de jamón Ibérico cortado en daditos (mirepoix pequeño será suficiente)
½ vaso de leche
AOVE
C.S. de caldo

Utensilios

1 tabla para picar
1 bol
1 cazo
1 cuchillo cebollero
1 puntilla
1 sartén antiadherente mediana
1 bandeja
1 tenedor
1 cuchara
Papel absorbente
1 varillas

Elaboración

Manos limpias y botellín preparado. En primer lugar vamos a “sustraer” el tocino de la olla y lo dejamos que se enfríe. Mientras esto sucede, pelamos los ajos, los picamos en brunoise y los reservamos. Repetimos la misma operación con el perejil. Con cuidado descortezamos la barra de pan de víspera y nos quedamos con la miga que remojaremos en la leche. Lo reservamos. Picamos el jamón en daditos y también lo reservamos.
Cascamos 3 huevos en un bol (los otros 3 son para freír la masa) y los batimos hasta que “huelan a romero”. A estas alturas el tocino debe estar atemperado por lo que con cuidado lo picamos finamente y lo incorporamos a los huevos batidos junto con el ajo, el perejil, el jamón y la miga de pan que previamente habremos escurrido de la leche que la empapaba. Removemos bien todos los ingredientes y comprobamos el punto de sal y la textura de la masa. Esta última debe ser jugosa. Aquí está la gracia de la receta. Si se quedara con demasiada consistencia por un exceso de miga de pan o por la utilización de pan rallado, la textura en la boca no sería la misma… ¿quién dijo que la fama no cuesta? Dejamos que repose en la nevera durante una ½ hora aproximadamente y procedemos a freírla.
Ponemos una cantidad generosa de aceite en una sartén antiadherente y lo calentamos hasta los 140º aproximadamente. Batimos los 3 huevos que habíamos dejado reservados y con las manos untadas en aceite o con la ayuda de 2 cucharas, vamos formando los rellenos y los freímos primero por un lado y luego por el otro. Deben quedar con un bonito color dorado. Los escurrimos en el papel absorbente, retiramos las “barbillas” que se han formado al freírlos, los colocamos en un cazo cubiertos de caldo y dejamos que cuezan durante una ½ hora para que el caldo los empape bien. Si habéis puesto el cariño suficiente deberían ser “dignos del mismísimo Jehová”.

Buena suerte y Buen provecho.

P.D: muchas gracias Abuela.

domingo, 7 de febrero de 2010

CASA COFIÑO

Perdido entre los montes de eucalíptus de Cantabria, rumbo a San Vicente de la Barquera, nos encontramos el pequeño pueblo de Caviedes. Éste no dejaría de ser uno más de los idílicos pueblos cántabros si no fuera porque en su plaza se encuentra Casa Cofiño (942708046). Entrar allí es ver cómo se ha detenido el tiempo, puesto que el bar primigéneo combina la barra con el colmado del pueblo… (Puesto al día por los hijos de los propietarios). Casa Cofiño lleva alimentando a la gente más de 40 años, pero fue hace unos años cuando llevaron a cabo la reforma del local. Conjuga perfectamente la madera y la piedra en sus paredes, además de una cristalera que da una buena iluminación al salón principal, pero no vamos a dejarnos llevar por la estética y vamos a lo que realmente importa; la comida y la bebida.
Raciones abundantes y generosas a precios irrisorios (no os dejéis engañar, es una trampa de Rubén, el pequeño de los hermanos, para engatusaros con una carta de vinos que para sí quisieran muchos grandes de éste país…). Pese a que todos los platos tienen un buen nivel (picadillo, chacinas…), lo más destacado de su carta son, en mi opinión, las albóndigas (2 unidades por ración, pero qué tamaño…como el puño de un niño de 12 años), y el cocido montañés. Éste último posiblemente sea de los mejores que he comido en Cantabria en muchos años. Por cierto, te dejan comerlo a discreción…Si todavía os queda hueco podéis intentarlo con alguno de sus numerosos postres caseros (destacable la tarta de queso).
Para regar tan opípara comida podéis elegir entre las más de 600 referencias de vino que Rubén atesora celosamente en su maravillosa bodega (para escarnio de sus hermanos…). También cuenta con una nutrida carta de güisquis, rones, ginebras y puros…Y todo a qué precios…
En lo que al servicio respecta son los otros 2 hermanos los que se encargan de la sala de forma rápida y eficiente. Vamos, un gusto.

Muchas gracias Toño por descubrirme un lugar tan maravilloso y compartirlo.

Quién diría que unas albóndigas valen un viaje de 400 kilómetros…

Se me olvidaba, es fundamental reservar.